Soy una cuarentañera


Escrito por Carmen Martinez

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Pues sí, cumplo 40 años, y aunque bromeo y haga como que me lo tomo muy mal... en realidad me siento muy feliz. Hoy en día, tal como están las cosas, parece muy difícil la idea de la independencia en un sentido práctico, los jóvenes tienen muy difícil el acceso a una vivienda y los salarios son cada vez más precarios (de jóvenes y de no tan jóvenes), pero hay una independencia infinitamente más complicada: la emocional. Crecemos con la sensación de que sólo el amor y la compasión de quienes nos rodean nos hacen válidos para vivir, a veces es tan desesperada nuestra necesidad de afecto que cedemos toda nuestra atención al poder de otro, le damos nuestra fuerza, le damos nuestro espacio... para retenerlo, fabricamos una cárcel para nosotros con la intención de que el carcelero siempre esté a nuestro servicio.

Madurar significa dejar de depender del árbol que nos ha cobijado y desprendernos de él, para convertirnos nosotros en otro árbol. A partir de ahí el camino se hace en soledad: se puede amar, se puede convivir... pero siempre en relación de igualdad. Lo que no se puede hacer es intentar revivir esa relación de dependencia en el que uno es el árbol grande y el otro un simple esqueje...

Así que yo abogo por ser árbol, un árbol frondoso y bello. Ése es mi proyecto.





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