Etiquetas


Escrito por Carmen Martinez

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Yo veo cosas que ¡funcionan! aquí y allá, pero no hay que fiarse mucho de las etiquetas…

Por ejemplo un paisaje… miras y ves una belleza impresionante pero en la etiqueta puede poner: “cosa muerta, lo ves bonito pero no significa nada, no hay ninguna comunicación, ningún contacto real, o sea que tus sensaciones son totalmente pura imaginación tuya, esto que ves apenas importa nada, es repetitivo y poco activo, no tiene nada que ver con tu naturaleza viva y pensante…” entonces es posible que digas ¿Y qué hago yo perdiendo el tiempo en esta nada? El paisaje funciona pues te hace sentir bien… pero la etiqueta funciona mejor... hasta el punto que te sientes aburrido y te vas al cine.

A mí las etiquetas me guían para ir a lo que funciona y para leer al revés.

Me sumerjo en la hipnosis de la etiqueta para intelectualizar la fuerza que se quiere neutralizar y después deshago la trampa, y hago caso a lo que aquello me comunica de verdad, bajando esta vez la guardia y dejándome llevar sin el estorbo del intelecto por lo que ¡funciona! del asunto. Es un lio, lo sé… pero tal como están las cosas es el único modo de descubrir algo entre tanto estorbo. Porque no es suficiente para el instinto descubrir lo que funciona por si solo ya que los caminos son muy infructuosos: pongamos un ejemplo, estamos en una bella localidad idílica y lo primero que te encuentras son las etiquetas: “placer”, “cultura”, “belleza”… pero en realidad lo que ves es: casas-comercio, templos-comercio, lugares-comercio… Hace falta no solo alejarte sino mirar las etiquetas de: “aquí no hay nada”, “aquí no viene nadie”, “esto es aburrido” etc.… para encontrar algo de valor, ya que si no vas directo a esas etiquetas la caminata entre comercios puede llegar a ser eterna y puedes caminar en círculo durante todo el tiempo que tienes para visitar el lugar.


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