Lucía y Anselmo


Escrito por Carmen Martinez

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Era un lugar indecente y en cada casa colgaba un cartel que decía: Esta Casa es Decente. Pero las criaturas de la noche lo arrancaban cuando la gente dormía.
Era Anselmo poca cosa pero tenía un sol pegado a sus narices... era brillante y ningún ser veía la oscuridad de su fondo. En cambio Lucía no tenía color en sus mejillas y nadie comprendía la luz que desprendían sus dulces ojos.

Era de día y el sol molestaba cuando Lucía comenzó a sentirse mal y quiso abandonar el local de paredes blancas, al abrir la puerta se encontró con Anselmo.

Él la cogió del brazo y ella se dejó llevar.

En el lugar, los vecinos murmuraban sobre la mala elección de Anselmo.

Una tarde el sol se apartó de la nariz de Anselmo y emergió la luna que iluminó la cara de Lucía, se pudieron ver en ella unos bellos rasgos, antes ocultos, y ahora claros y expresivos.

Desde entonces Lucía comenzó a andar y Anselmo se quedó esperando un sol que ya nunca más se posó en su nariz.


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